lunes, 13 de agosto de 2012

Sean bienvenidos


Cuando hice por primera vez la pregunta que da título al presente blog, no pensé que esta pregunta pudiera traspasar las fronteras de mi país. No sólo pasó las fronteras de la Argentina, llegando a Chile, Ecuador, Perú  y Venezuela. Luego el interés siguió en alza pasando por República Dominicana  y a través de México hasta llegar a los Estados Unidos. Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando se registraron las visitas desde Rusia y Alemania.
Lo comentado, no hace más que incitar la publicación de más material que contribuya, al menos mínimamente a satisfacer la necesidad de los lectores.
El hablar en público no se limita a una presentación que se realiza ante un público determinado en un momento  y lugar determinados. Todos los días y en todo momento nuestras habilidades o debilidades oratorias van cimentando nuestro camino. Tratamos de convencer, conmover, persuadir o agradar, aunque no nos demos cuenta. Aún estando en silencio, en un rincón y sin hacer el más mínimo movimiento… aún así estamos comunicando. Imaginemos lo que percibe el entorno cuando voluntaria o involuntariamente nos comunicamos, ya sea verbalmente o en forma gestual.
Es importante prestar la debida atención a los gestos y mensajes que trasmitimos a diario, la mayoría de las veces sin darnos cuenta.
Como  “no hay una segunda oportunidad para brindar una buena primera impresión” lo mejor es , antes de hablar en público, pensarlo dos veces.

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