viernes, 11 de noviembre de 2011

(Des)inteligencia artificial y las redes (anti) sociales.

Hay un nuevo paradigma de la sociedad y un nuevo paradigma ético del hombre. Como lo mencionan diversos autores, la megamáquina amenaza seriamente a la sociedad y también a los principios y la ética del hombre actual. Es cierto que propendemos cada vez más a reemplazar el pensamiento humano por el de las máquinas. De esta manera deshumanizamos el trabajo, quitamos al hombre del centro de la escena para centrarnos justamente en las máquinas. Claros ejemplos son las empresas de alta tecnología, las empresas automotrices y las empresas japonesas, que reemplazan grupos de hombres por máquinas o robots que además de proveer a la compañía de mayor eficiencia, son menos costosos, no se enferman ni se accidentan como las personas.

Tristemente, ésta es la filosofía que se puede vislumbrar en las mentes cada vez más jóvenes que dirigen y conducen las empresas actuales. No sólo se desecha la inteligencia, velocidad y capacidad de trabajo del hombre que naturalmente es inferior a la de las máquinas. Sino también la “vejez temprana” como me gusta llamarla, hace que los hombres sean descartables cada vez más pronto cada vez en más cantidad y cada vez a menor edad; personas de 40 años en adelante, en las circunstancias del mercado laboral actual pueden poco menos que rogar por la posibilidad de ser tenidos en cuenta al menos por los monstruos empresarios que amenazan a la sociedad. En este sentido estoy de acuerdo con el concepto que reza que este es sólo el comienzo de una Nueva Era que pocos sabemos cómo puede llegar a terminar.

¿Será posible o al menos probable que el hombre, el ser humano se transforme en poco menos que una máquina, sin sentimientos ni ideas propias? Si bien suena tremendista, por decirlo de alguna manera, un ejemplo sencillo son las nuevas tecnologías que han generado un alejamiento explícito entre las personas en cuanto a la comunicación. Facebook y Twitter y las demás redes (anti) sociales han continuado con éxito la era de la comunicación digital, que un poco más allá en el tiempo había comenzado con los celulares y sus SMS. Cada vez son menos frecuentes como consecuencia de la utilización de las nombradas herramientas informáticas, las visitas, salidas y encuentros entre amigos y personas en general, toda nuestra comunicación se ha digitalizado. En perjuicio de las relaciones personales cara a cara.

El consumo cada vez más incentivado por la publicidad que está al aire las 24 hs del día, en la radio, en la televisión, en el diario, en la computadora a través de internet e incluso previo o durante las trasmisiones de programas o eventos y en los videos que vemos en internet. Y si esto no fuera suficiente, contamos con el “servicio” que nos brinda nuestra empresa de telefonía celular, de enviarnos diariamente: ofertas, chistes, bromas, consejos de las celebridades, frases de amor, noticias, cargas de regalo, participación en concursos, horóscopo al instante, etc,. Todo esto en los días y horarios menos pensados y razonables y con el único propósito de incentivarnos al consumo.

Este consumo al que estamos incentivados las veinticuatro horas del día, es promovido por las tarjetas de crédito y las tarjetas de debito, que nos permiten pagar sin ser totalmente conscientes de que estamos entregando nuestro dinero; y por los cada vez más fáciles de obtener, créditos o préstamos: a sola firma, sólo con el DNI, con mínimos requisitos, con preaprobación en 24 horas, para jubilados y pensionados, pagando la primera cuota a los 90 días, etc, etc,. Hacen que compremos barato aún lo que no necesitamos.

Dos claros ejemplos de que la tecnología y la megamáquina, nos pasan por encima sin darnos cuenta, son: la televisión y el video. Y los llamo de esta manera, sólo por ahora, ya que como los televisores han cambiado de ser televisores a simplemente “plasma” o “LCD” y los ya  viejos reproductores de cassettes VHS a DVDs y luego a Blu – Ray y… ¿Quién sabe a qué más en el futuro muy cercano?

Por el lado de la privacidad debemos decir que entre Facebook, Twitter, Messenger y You Tube, la han desterrado completamente de la faz de nuestra tierra. Todo se comparte, de todo se opina, todos escriben y todos saben; con estas afirmaciones no quiero atacar a nuestra tan ansiada libertad de expresión que trajo la democracia sino sólo demostrar que la privacidad está en extinción. Por el lado de las ciudad y saliendo de nuestros hogares lo mismo sucede, las cámaras de seguridad han convertido los lugares de esparcimiento y las calles mismas en un Gran Hermano del que todos somos personajes sin siquiera darnos cuenta.

Siguiendo con los cambios que en ha introducido la tecnología en la vida cotidiana de las personas es posible mencionar como riesgos patogénicos para la salud, en cierta manera lo que estos “adelantos han hecho con la diversión y el esparcimiento. Es sabido que el día ideal del hombre debe estar diagramado en 8 horas para el trabajo, 8 para el placer, diversión, esparcimiento y paseos al aire libre y 8 para el sueño. Pero justamente en la parte de esparcimiento y tiempo al aire libre es en la que estamos fallando. Xbox, Wii y Playstation son en parte culpables del sedentarismo reinante en gran parte de la población adulta y adolescente por la utilización de las consolas de las marcas mencionadas. En un tiempo no muy lejano era común que al fútbol se jugara en las veredas, al igual que el tenis, el básquet, el golf, el bowling y además los ejercicios aeróbicos, si bien no los hacíamos en la vereda, uno interactuaba con otras personas y efectuaba ejercicio físico. En la actualidad con estas consolas y los sensores de movimiento, todas estas actividades las podemos realizar desde el living de casa, solitarios muchas y veces y sin salir ni trasladarnos a otro lugar, provocando que los avances tecnológicos nos alejen cada vez más de la naturaleza.

Es cierto además que las bases de los valores pueden descubrirse no en el exterior sino en el interior. En este caso es válido el ejemplo de la Higiene y Seguridad en el Trabajo y la perspectiva equivocada en muchos casos de los empleadores y también de los trabajadores. Junto con los avances tecnológicos y la famosa “globalización”, han llegado innumerables aportes para hacer el trabajo más fácil y aumentar la producción de obras y servicios. Sin embargo, esto ha generado que dentro de la vorágine productiva no se le otorgue la importancia necesaria a la seguridad de los trabajadores, produciéndose accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Este “descuido” por llamarlo de alguna manera, no es potestad exclusiva de los empleadores sino también de los propios
trabajadores, muchas veces privilegiando el beneficio económico por sobre el bienestar laboral que a la larga es lo único importante, dado que sin capacidad laboral poco es posible hacer para generar el sustento, la alimentación y la satisfacción de las necesidades mínimas de nuestra familia.

Sólo haciendo partícipes a los trabajadores en la prevención de riesgos del trabajo y de las medidas correctivas para lograr ambientes de trabajo seguros, lograremos su compromiso para trabajar conjuntamente para el bien común.

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