lunes, 13 de junio de 2011

¿Y ahora como sigo?.

Una vez que hayamos obtenido el resultado esperado al finalizar la introducción de nuestra presentación, estamos en condiciones de  realizar el desarrollo o argumentación del discurso. A lo largo de la argumentación exponemos al auditorio, en no más de cuatro o cinco ítems, las razones o justificaciones con el objetivo de: concienciar, motivar, incentivar o incitar a la acción a los participantes.  Todas y cada una de las razones deben estar contempladas y detalladas en la argumentación ya que es el camino por el cual vamos a lograr o no el objetivo. Por medio de los argumentos esclarecemos la introducción brindada al público.
Una recomendación importante puede ser la de tener un esquema con los puntos principales a desarrollar y su orden, y las palabras o ideas claves. El caer en datos muy específicos o innecesarios, así como también en cifras y números en exceso, puede hacer que confundamos al auditorio o nos desviemos del tema central. Lo importante en este punto de nuestra presentación es que no dejemos lugar a dudas ni interpretaciones ambiguas.
Dependerá de cada orador el espacio que destine a la realización de las preguntas, acerca del tema expuesto, por parte del auditorio. Hay oradores que deciden, muchas veces acertadamente, que durante la argumentación no se realicen preguntas. De este modo evitan que la misma sea interrumpida o entrecortada. Este caso particular no significa que coartemos la posibilidad del público  de expresar su opinión o evacuar sus dudas. Sólo que es importante determinar el momento a destinar para la respuesta de las preguntas por el bien de nuestra presentación.
Las preguntas del público son un arma importante y los mejor es tenerlas a nuestro favor. Para eso debemos indagar en la presentación para saber cuáles son las preguntas que nos puede hacer el público, de manera de contar con la respuesta de antemano y evitar contratiempos inesperados. Saludos.

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