jueves, 26 de mayo de 2011

¿Y ahora qué?

Ahora que ya sabemos que el público y la consideración que tengamos para con él, es importante para el correcto desarrollo de nuestra presentación. Es momento de que nos detengamos a programar las acciones que debemos tomar, para evitar que se transforme en un problema o pero aún en el enemigo. Por eso, es justamente que debemos preocuparnos previamente por conocer: su interés en el tema, nivel de conocimientos acerca del mismo, el lenguaje que están acostumbrados a utilizar y a escuchar. Para poder conocer todas estas características de nuestro auditorio, no es necesario que hagamos un seguimiento exhaustivo, ni siquiera que investiguemos previamente el perfil de cada uno de los participantes. Con breves preguntas realizadas, previo a discurso que les vamos a brindar, a la persona adecuada podemos obtener datos que serán muy valiosos al momento de nuestra alocución.

Un punto importante que nos puede ayudar es, en el caso de que lo haya, identificar al líder el del auditorio. Este líder puede ser un supervisor, un operario o en la mayoría de los casos, el gerente de la empresa. En el caso que el auditorio sea homogéneo (todas las personas de una misma empresa que se conozcan previamente), si no tuviéramos el dato precedente podríamos ser víctima de una situación muy embarazosa.

En el caso de que el público que compone nuestro auditorio, no se conozca previamente puede ser de acuerdo a nuestro manejo del mismo, una ventaja o una desventaja. Si a quienes debemos dirigirle la palabra, no los conocemos podemos llegar a cometer errores, un chiste desafortunado, un comentario ofensivo no intencional, etc. En este caso nuestro desempeño tiene que ser cuidadoso hasta que podamos obtener, ya sea de manera verbal o no verbal los datos que nos den las herramientas requeridas para diagnosticar al auditorio. Saludos.  

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