lunes, 30 de mayo de 2011

La importancia del público

Uno de los errores más comunes que podemos cometer fácilmente es el de interesarnos más por la transmisión de nuestro mensaje, nuestra información y el desarrollo de nuestro discurso que por la percepción y las actitudes o posturas que va tomando el público durante la presentación.

En todo momento lo que diga, sienta o piense el público va a ser importante para el orador y más aún que nuestro propio discurso. Por esto debemos mirar selectivamente al público y monitorear constantemente los estados de ánimo del auditorio.  

Una pregunta que debemos respondernos es: ¿qué hacer en el caso de no contar con la atención de una parte del público (si no contamos con la atención de todo el auditorio estaremos en graves problemas)?. ¿Qué hacer para cambiar el rumbo de la presentación y dar un “volantazo” que despierte a nuestros oyentes?.

Generalmente los intervalos para: despertar un público, darles un recreo para concurrir a los sanitarios, fumar un cigarrillo, tomar un café o cualquier otra cosa que haga que un auditorio despeje su mente y vuelva al lugar de nuestra presentación con todos los sentidos alerta, se realizan luego de un máximo estimado en 45 minutos (40 minutos dura una hora de cátedra) y por una extensión de unos 15 minutos. No hacerlo será insostenible para el desarrollo de nuestra presentación e incluso para nosotros mismos.

¿Cómo hacemos para captar o atraer la atención de un público disperso?

  • Hacer una o más preguntas, ya sean directas o generales. La idea es generar un interrogante que nos permita atraer la atención del público e incentivarlo participar.

  • Realizar una declaración sorprendente es otra de las posibilidades que tenemos para captar la atención del público.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario