domingo, 20 de octubre de 2013

La tragedia es que no hagan nada para evitarlo

Una nueva tragedia sacude a la Argentina. Noventa y nueve madres no van a pasar un día feliz. Culpas cruzadas: que le motorman, que iba a más velocidad, que se robó el disco rígido de las cámaras de seguridad, que le tren no había sido chequeado antes de salir y muchas más hipótesis coinciden en algo, que lo resuelva la justicia... Es una forma fácil de lavarse las manos y esperar que en unos años la justicia lo resuelva.

El asunto central es que no es la primera ni la segunda vez que pasa, es la tercera y me resultó curioso lo que informó el vocero de la de la Unidad de Gestión Operativa Mitre Sarmiento (UGOMS), Pablo Gunning: el tren que chocó era reciclado, las formaciones nuevas circulan de lunes a viernes. Todas las formaciones tendrían que ser nuevas o al menos estar en las mejores condiciones. Esto recuerda a la frase que dijo Juan Pablo Schiavi, ex Secretario de Tranporte: si el accidente hubiera sido el día anterior no hubiera sido tan grave por que en esos primeros coches no viaja tanta gente. In-cre-í- ble. Pero cierto.

Estimados ministros, los trenes normalmente no chocan, los trenes frenan antes de chocar contra los andenes, no puede ser que la vida de miles de personas (o millones) que circulan diariamente en los trenes estén a merced de la responsabilidad de un sólo hombre. Se ve que la "revolución ferroviaria" viene en un tren que no llegó al anden correspondiente, y tal vez no llegue, por que se rompe antes o choca.

Sean un poco mas serios, no puede ser que la gente suba con miedo a los trenes que viajar en tren sea un viaje extremo.

Antes de un cuarto choque, deberían ver que, quienes y por qué fallaron. Que renuncien los que tengan que renunciar y que esas madres pasen su día lo mejor posible.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Pensar antes de hablar

Este blog surgió de la nada. De presenciar y observar situaciones en las que la comunicación provoca dolor de ojos y oídos, literalmente. Es claro que ninguna persona, salvo contadas excepciones, nace con los conocimientos necesarios e innatos que le permitan desempeñarse con presencia y soltura delante de un público, pero la voluntad de aprender, de practicar, de hablar y escuchar, nos van perfeccionando poco a poco.

No son pocos los comunicadores: periodistas, políticos y en muchas ocasiones jefes de estado o presidentes (y también presidentas), que comunican detalles, datos y hasta observaciones inadecuadas en momentos inoportunos o sin ser conscientes de la responsabilidad de la que son portadores. Que queda para el vulgo, las personas comunes que muchas veces reflejados en estas opiniones, las animan, las acompañan y mucho pero aún, las difunden, amplifican y transmiten.

Ha habido casos resonantes y de las personas menos esperadas este último tiempo. No quiero decir con esto que antes no las hubiera, pero las redes (anti) sociales de la actualidad se encargan de viralizar tanto los éxitos como los fracasos o fallidos. Localmente somos testigos de dichos increíbles, declaraciones que sin saber quien es el autor podríamos objetarlas y aún más declararlas como "dichos poco felices".

Todo lo escrito hasta aquí no trae nada nuevo a sus ojos y oídos, pero el peligro es que cosas que antes eran imposibles de escuchar o tolerar, son pronunciadas y toleradas como normales. No es el ánimo herir susceptibilidades, generar polémicas, pertenecer a un bando u otro ni contribuir a la división aún más profunda entre buenos y malos.

Pero cada vez menos nuestros representantes son conscientes de que "nos representan", que manipulan nuestro dinero, que cobran de los impuestos que pagamos y que deben actuar y decidir de acuerdo a la voluntad  popular. Que en los países democráticos existe la división de poderes, que debe ser respetada. Que el Poder Ejecutivo, no es más que el Legislativo ni el Judicial. Que los poderes tienen la misma importancia así como cada uno de nosotros.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Oratoria y Seguridad

Aunque cueste pensarlo, es muy estrecha la relación que une a la Higiene y Seguridad con la Oratoria. Para poder convencer desde la Higiene y Seguridad es muy importante tener un alto poder de persuasión dado que este rubro es muy resistido por la mayoría de los directivos de las empresas que lo suelen tomar como un pérdida en lugar de una inversión.

Generalmente uno cree en lo que ve, la Seguridad en las empresas no se suele "ver" ya que a la vista de las personas normales no representa ninguna ganancia, ningún beneficio monetariamente hablando. Y eso se da porque la asesoría en Higiene y Seguridad en un intangible y siempre es difícil vender algo que es intangible. Por esta razón, la Oratoria, el buen decir, etc., son medios muy eficaces para poder persuadir, convencer a los directivos y dueños de las empresas, de las ventajas que proporciona contar con un Servicio de Higiene y Seguridad para prevenir accidentes de trabajo y enfermedades profesionales.

De la misma manera también en el ámbito de la salud laboral es un bien apreciado el contar con dotes y conocimientos de Oratoria. Los médicos suelen en ocasiones que me ha tocado presenciar, utilizar palabras, términos, conceptos que no son conocidos por el común de la gente y que muchas veces por sonar extraños nos sumen en preocupaciones innecesarias. Es interesante saber, como muchos oradores manifiestan, que es tan importante poseer conocimientos como el saber transmitirlos y más aún que sean comprendidos por nuestros interlocutores o receptores.

El título de este post pudo haber sido Oratoria y Medicina, Oratoria y Mecánica u Oratoria y la profesión que más les guste. 

En resumen, la oratoria ayuda transmitir los conocimiento de forma tal que sean adecuados al receptor de la comunicación y sobre todo fáciles de entender.

Espero sus comentarios. Los saludo atentamente.  

jueves, 27 de diciembre de 2012

El desafío de presentar


Hablar en público siempre es un desafío. Por lo tanto es importante aprovecharlo al máximo. Cada oyente de nuestra presentación escucha un discurso diferente. Su nivel de cultura, sus valores, sus principios y hasta sus conocimientos pueden hacer que su percepción de nuestro discurso sea totalmente acertada o totalmente equivocada.

Los extremos nunca son buenos, por eso es importante que nuestra presentación este a la medida del público. Por supuesto que pocas veces vamos a encontrar un público homogéneo en sus valores, conocimientos, etc., ahí se encuentra el desafío de poder cautivar a la mayor cantidad de personas.

Muchas veces tenemos la posibilidad de conocer los intereses y nivel de conocimientos del publico previo a la presentación, la mayoría de las veces vamos descubriendo al publico mientras la presentación se desarrolla y esta es una variable que puede atentar contra nuestra presentación, ya que además de la atención en la presentación debemos monitorear en forma continua la "temperatura" del público.


Hasta aquí lo único que les he presentado son problemas así que para que al finalizar la lectura de esta publicación los encuentre con una sonrisa, vamos a ver cuáles son las posibles acciones a seguir para salir victoriosos del desafío.

Tratar de conocer el nivel de conocimientos del público y los intereses que los mueven a asistir a nuestra presentación es una buena forma de "tener el pájaro, en mano". Todo lo que podamos investigar acerca de ellos serán puntos a nuestro favor. Muy valiosos en el caso de encontrarnos literalmente "en desventaja" a lo largo del desafío que representa la presentación.

En el peor de los casos, si no tuviéramos la posibilidad de conocer de antemano los perfiles de nuestros oyentes, y debemos utilizar términos técnicos con el riesgo que haya personas que no lleguen a comprendernos y terminen perdidos y navegando en un mar de dudas en el medio de nuestro discurso. Debemos diagnosticar monitoreando en forma permanente, por medio de las miradas, los comentarios al oído, el retiro de las personas del salón o los rostros en los que se refleje la confusión, cual es el nivel de comprensión de la presentación y tener a mano el Plan B que nos evite naufragar y nos permita salir a flote.

Veremos los planes alternativos a utilizar en la próxima publicación...

Muchas felicidades... Los espero el año próximo...

domingo, 21 de octubre de 2012

Hablar más, escribir menos


Gracias a las redes sociales y el correo electrónico cada vez hablo menos. ¡¡¡Qué alivio!!!.

Cada vez con más frecuencia se escuchan las dos frases anteriores que podemos englobar en una sola. Luego de leerla y leerla surgen dos preguntas principales.

¿Es cierto que ante el surgimiento y proliferación de las redes sociales y las comunicaciones por correo electrónico, cada vez se habla menos?

¿Es realmente un alivio el tener que hablar cada vez menos?

Para la primera pregunta mi respuesta es: si, cada vez se habla menos. Además cada vez se escribe más y cada vez más personas escriben. Las redes sociales se han convertido en un “micrófono permanente de todo lo que gente hace o deja de hacer. Es frecuente leer tweets o posteos similares a:

Ya me bañé. Lista para salir a divertirme.
Aburrida y sin ganas de ir a clase.
Hoy pinta siesta despatarrado en la cama.

Y una lista interminable de etcéteras…

Pero la cuestión central de la pregunta es “cada vez se habla menos”. Cada vez escribimos más y… peor. Cómo los mensajes anteriores se pueden encontrar además (perdonen la ortografía pero es copia fiel de lo que se ve o recibe):

Ola Juan. Co tas? K onda oy?
Todo ok. Pinta fulvo c los chikos. Falta 1.lo knseguís vs?. Si no avisa. Salu2.

Ustedes me dirán “todo bien es una comunicación informal, interna, entre dos personas que ya conocen su lenguaje”. Yo les puedo decir que es un lenguaje coloquial que, a medida que se arraiga, cada vez cuesta más eliminarlo. En fin son opiniones…

En cuanto a la segunda pregunta, ¿es realmente un alivio el tener que hablar cada vez menos? En este caso respondo con un NO rotundo. Las palabras son mucho más bellas cuando las pronunciamos que cuando las escribimos. Cuando escribimos las palabras tienen el significado que el lector les otorga. Mientras que cuando hablamos agregamos a la comunicación verbal (lo que decimos), la comunicación no verbal (como sentimos lo que decimos), le agregamos los colores de la voz, el tono, el volumen, la enfatización de determinadas palabras que le dan sentido al mensaje que queremos transmitir. La comunicación no verbal es también los gestos, las miradas, los movimientos de las manos, la postura del cuerpo, nuestra imagen.

Si bien cada vez escribimos más y hablamos menos (dejamos preguntar menos)…

Debemos hablar cada vez más y mejor, sin dejar de escribir pero escribiendo mejor.

lunes, 13 de agosto de 2012

Sean bienvenidos


Cuando hice por primera vez la pregunta que da título al presente blog, no pensé que esta pregunta pudiera traspasar las fronteras de mi país. No sólo pasó las fronteras de la Argentina, llegando a Chile, Ecuador, Perú  y Venezuela. Luego el interés siguió en alza pasando por República Dominicana  y a través de México hasta llegar a los Estados Unidos. Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando se registraron las visitas desde Rusia y Alemania.
Lo comentado, no hace más que incitar la publicación de más material que contribuya, al menos mínimamente a satisfacer la necesidad de los lectores.
El hablar en público no se limita a una presentación que se realiza ante un público determinado en un momento  y lugar determinados. Todos los días y en todo momento nuestras habilidades o debilidades oratorias van cimentando nuestro camino. Tratamos de convencer, conmover, persuadir o agradar, aunque no nos demos cuenta. Aún estando en silencio, en un rincón y sin hacer el más mínimo movimiento… aún así estamos comunicando. Imaginemos lo que percibe el entorno cuando voluntaria o involuntariamente nos comunicamos, ya sea verbalmente o en forma gestual.
Es importante prestar la debida atención a los gestos y mensajes que trasmitimos a diario, la mayoría de las veces sin darnos cuenta.
Como  “no hay una segunda oportunidad para brindar una buena primera impresión” lo mejor es , antes de hablar en público, pensarlo dos veces.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿Te cuidás?

Es una pregunta retórica. No se molesten en responderla, ya que una respuesta afirmativa sería “engañarse sólo”. En realidad, cuando nos dicen “Chau. Cuidate”, nos están recordando que debemos poner atención en las acciones que realizamos a diario y que, muchas veces por considerarlas rutinarias, no les damos la debida importancia.
¿Cuántas veces cruzaste la calle en el día de ayer? Es una pregunta no tan simple de responder para la mayoría de las personas. Pero lo curioso es que unas veinte personas por día, en promedio, mueren en Argentina por accidentes de tránsito. Y no todas las muertes ocurren a lo conductores. También mueren peatones. Pensándolo mejor, es una pregunta que se debería responder fácilmente o al menos asegurarnos, antes de cruzar de cruzar una calle…
… cruzar solamente por las esquinas (y nunca en diagonal).
…mantener el teléfono celular en el bolsillo mientras cruzamos.
…mirar (aunque parezca inútil) a ambos lados de la calle.
…mirar (aunque parezca inútil) a ambos lados de la calle, antes de bajar del cordón.
 La próxima vez que escuchemos… Chau. Cuidate. Vamos a hacerlo?.